IV. REGLAS ESPECIALES PARA HOMBRES JÓVENES

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IV. REGLAS ESPECIALES PARA HOMBRES JÓVENES

Mensaje por hgo1939 el Mar Jun 21, 2016 4:24 pm

IV. REGLAS ESPECIALES PARA HOMBRES JÓVENES
4. En último lugar, estableceré algunas reglas de conducta particulares las cuales aconsejo vehementemente a todos los hombres jóvenes que sigan.
(1) Por un lado, resuelve de inmediato, con la ayuda de Dios, romper con todo pecado conocido, no importa lo pequeño que sea.
Mira en tu interior. Examina tu propio corazón. ¿Ves allí alguna costumbre o hábito que sabes que es malo a los ojos de Dios? Si es así, no dilates ni un momento en atacarlo. Resuelve de inmediato echarlo a un lado.
Nada oscurece tanto los ojos de la mente, y con toda certeza cauteriza la conciencia, como lo hace un pecado consentido. Puede que sea un pequeño pecado, pero el hecho de que sea pequeño no lo hace menos peligroso. Una pequeña grieta hundirá una gran nave, y una pequeña chispa encenderá un gran fuego, y de la misma manera un pequeño pecado consentido arruinará un alma inmortal. Acepta mi conejo, y nunca consientas un pequeño pecado. A Israel se le mandó matar a todo cananita, tanto pequeño como grande. Actúa tú con el mismo principio, y no muestres ninguna misericordia a los pecados pequeños. Bien dice el libro de Cantares, "cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas" (Cant 2:15).
Puedes estar seguro de que ningún hombre malvado tuvo nunca la intención de ser tan malvado al principio, en sus comienzos. Pero comenzó con permitirse a sí mismo alguna pequeña transgresión, y eso llevó a algo más grande, y eso a su tiempo produjo algo más grande todavía, y de ese modo llegó a ser el miserable ser que es ahora. Cuando Hazael oyó de Eliseo acerca de los horribles hechos que él cometería un día, dijo con asombro, "¿Qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas?" (2 Reyes 8:13). Pero él permitió que el pecado echara raíces en su corazón, y al final hizo todo esto.
Joven, resiste el pecado en sus comienzos. Estos pueden parecer pequeños e insignificantes, pero considera lo que te digo, resístelos, no hagas ningún compromiso, no consientas que ningún pecado habite reposadamente y sin ser perturbado en tu corazón. "La madre del mal", dice un viejo proverbio, "no es más grande que el ala de un mosquito." No hay nada más pequeño y delgado que la punta de una aguja, pero cuando esta ha hecho un hueco, hace penetrar todo el hilo detrás de ella. Recuerda las palabras del apóstol: "Un poco de levadura leuda toda la masa" (1 Cor 5:6).
Muchos hombres jóvenes podrían decirte con pesar y vergüenza, que ellos ubican la ruina de todas sus perspectivas mundanas en el punto del que te estoy hablando --el dar paso al pecado en sus comienzos. Comienzan con hábitos de falsedad y deshonestidad en cosas pequeñas, y estas crecen en ellos. Paso a paso, han ido de mal en peor, hasta que han hecho cosas que una vez ellos pensaron que sería imposible que las hicieran; hasta que al fin han perdido su empleo, su carácter, su tranquilidad, y muy pronto también han perdido sus almas. Permitieron una brecha en la pared de sus conciencias, porque parecía pequeña y una vez que la permitieron, esa brecha se hizo más grande cada día, hasta que a la larga toda la pared pareció derrumbarse.
Recuerda esto especialmente en asuntos de verdad y honestidad. Ten conciencia de pequeñeces y sílabas. "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel" (Luc 16:10). No importa lo que al mundo le plazca decir, no hay pecados pequeños. Todos los grandes edificios están hechos de partes pequeñas; la primera piedra es tan importante como cualquier otra. Todos los hábitos se forman por una sucesión de pequeñas acciones, y la primera pequeña acción tiene una poderosa consecuencia. El hacha en la fábula le rogó a los árboles que le permitieran solamente cortar un pequeño trozo de madera para hacer un asidero, y que nunca más les causaría daño. El hacha lo obtuvo, y entonces cortó pronto todos los árboles. El diablo solamente quiere conseguir la uña de un pequeño pecado consentido dentro de tu corazón, y pronto tú serás del todo propiedad de él. Es un sabio dicho del viejo William Bridge, "no hay nada pequeño entre nosotros y Dios, porque Dios es un Dios infinito."
Hay dos maneras de bajar desde el tope del campanario de una iglesia. Una es arrojándose de un salto, y la otra bajando peldaño por peldaño; pero ambas te dirigirán hasta el fondo. Así también hay dos maneras de ir al infierno: una es caminando hacia este con los ojos abiertos --pocas personas hacen esto; y la otra es yendo allá al paso de pequeños pecados-- y esa manera, me temo, es demasiado común. Tolera unos pocos pecados pequeños, y pronto querrás unos pocos más. Aun un pagano (Juvenal) pudo decir: "¿Quién estuvo jamás contento con solamente un pecado?" Y entonces tu curso será regularmente peor y peor cada año. Bien describió Jeremy Taylor el progreso del pecado en un hombre: "Primero este lo asusta, después se le hace placentero, después fácil, entonces deleitoso, entonces frecuente, entonces habitual, ¡entonces confirmado! --entonces el hombre es impenitente, entonces obstinado, entonces resuelve nunca arrepentirse, y entonces él está condenado."
Joven, si tú no quieres llegar a esto, recibe la regla que yo te doy este día, --resuelve romper de inmediato con todo pecado consentido.
J. C. RYLE
La iglesia en Armenia
¡Jesus es el Señor!

hgo1939

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